Cuando hablamos de violencia de género solemos pensar en relaciones adultas. Sin embargo, cada vez observamos con más frecuencia comportamientos de control, manipulación y violencia emocional en parejas jóvenes e incluso adolescentes.
Las nuevas tecnologías han transformado la forma en que los jóvenes se relacionan, pero también han generado nuevas formas de ejercer el control. Revisar constantemente la ubicación de la pareja, exigir contraseñas, controlar las redes sociales, pedir fotografías íntimas o reclamar respuestas inmediatas a los mensajes son conductas que muchas veces se normalizan bajo la idea equivocada de que representan amor o interés.
Uno de los principales problemas es que numerosos adolescentes no identifican estas conductas como violencia. Han crecido en un entorno digital donde la hiperconectividad y la exposición constante de la vida privada pueden hacer que determinados comportamientos parezcan normales.
La violencia de género en edades tempranas suele comenzar de manera sutil. Aparecen los celos, el aislamiento progresivo de amistades, las críticas constantes, la manipulación emocional o la necesidad de controlar cada aspecto de la vida de la otra persona. Con el tiempo, estas conductas pueden intensificarse y generar importantes consecuencias psicológicas.
Las víctimas suelen experimentar ansiedad, inseguridad, baja autoestima, sentimientos de culpa, aislamiento social e incluso síntomas depresivos. Además, estas experiencias pueden influir negativamente en la construcción de futuras relaciones afectivas y en la manera en que entenderán el amor y los vínculos en su vida adulta.
Por ello, la prevención resulta fundamental. La educación emocional, el aprendizaje de relaciones basadas en el respeto mutuo, el desarrollo de una autoestima saludable y el pensamiento crítico frente a determinados mensajes que circulan en redes sociales son herramientas esenciales para proteger a nuestros jóvenes.
Durante los últimos años se han desarrollado numerosas iniciativas educativas dirigidas a la prevención de la violencia de género entre jóvenes y adolescentes. Talleres, campañas de sensibilización, materiales didácticos y recursos audiovisuales han permitido acercar esta realidad a las nuevas generaciones de una forma accesible y cercana.
Uno de los recursos más conocidos y utilizados en el ámbito educativo ha sido el vídeo «Pepa y Pepe», elaborado por la psicóloga y experta en violencia de género Carmen Ruiz Repullo. Este material muestra de forma sencilla y muy visual cómo la violencia no suele aparecer de manera repentina, sino que se va instaurando progresivamente mediante pequeñas conductas de control, manipulación y dependencia emocional que terminan limitando la libertad de la víctima.
Este recurso ayuda especialmente a los jóvenes a identificar señales que con frecuencia pasan desapercibidas o incluso se interpretan erróneamente como muestras de amor. Los celos, el control de las amistades, la necesidad de saber constantemente dónde está la pareja o la supervisión continua de sus redes sociales son algunos ejemplos que el vídeo ilustra con gran claridad.
Junto a estas conductas aparecen también los llamados micromachismos: comportamientos cotidianos y aparentemente insignificantes que perpetúan desigualdades entre hombres y mujeres. Aunque suelen pasar desapercibidos, contribuyen a normalizar relaciones basadas en el control, la desigualdad y la falta de respeto mutuo.
Por ello, resulta fundamental continuar desarrollando programas de prevención en centros educativos, asociaciones y espacios juveniles. La sensibilización no debe comenzar cuando el problema ya existe, sino mucho antes, promoviendo modelos de relación saludables, igualitarios y libres de violencia.
A pesar de los avances conseguidos, seguimos necesitando dar más visibilidad a esta realidad. Escuchar a nuestros jóvenes, comprender cómo se relacionan actualmente y ofrecerles herramientas para detectar situaciones de riesgo es una tarea colectiva en la que familias, educadores, instituciones y profesionales tenemos un papel esencial.
No podemos prevenir aquello que no sabemos reconocer. Por eso, hablar de violencia de género con nuestros jóvenes, escucharles y educar en relaciones saludables sigue siendo una de las herramientas más poderosas para construir un futuro libre de violencia.
Mercedes Blasco Romero
psicóloga PsiqueViva

