Beneficios, evidencia y vivencias reales
Cada año, del 1 al 7 de agosto, se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna, una oportunidad para visibilizar, apoyar y proteger una práctica que tiene un impacto profundo tanto en la salud infantil como en la materna.
Desde mi experiencia como enfermera especialista en sueño infantil y crianza, y también como madre, me gustaría compartir no solo los beneficios avalados por la evidencia científica, sino también poner sobre la mesa la realidad que muchas familias viven.
Beneficios de la lactancia materna
La lactancia materna es mucho más que alimentación. Es un sistema biológico complejo que se adapta a las necesidades del bebé en cada etapa.
Para el bebé
- Nutrición óptima: la leche materna contiene todos los nutrientes necesarios en la proporción adecuada.
- Protección inmunológica: aporta anticuerpos que ayudan a prevenir infecciones respiratorias, gastrointestinales y otras enfermedades.
- Desarrollo neurológico: diversos estudios relacionan la lactancia con un mejor desarrollo cognitivo.
- Vínculo afectivo: favorece el apego seguro gracias al contacto físico y la interacción.
Para la madre
- Recuperación postparto: ayuda a la involución uterina y reduce el sangrado.
- Beneficios a largo plazo: disminuye el riesgo de cáncer de mama y ovario.
- Regulación emocional: la liberación de oxitocina favorece el bienestar y el vínculo.
- Comodidad y practicidad: siempre disponible, a la temperatura adecuada y sin necesidad de preparación.
Más allá de los beneficios: acompañar sin juzgar
A pesar de todos estos beneficios, es importante recordar que la lactancia no siempre es fácil ni posible. Cada historia es única y merece respeto. Informar, acompañar y sostener emocionalmente a las familias es tan importante como promover la lactancia.
Mi experiencia personal
En mi caso, mi experiencia con la lactancia ha sido, honestamente, idílica. Desde el primer momento. Durante el embarazo me informé, realicé cursos, leí libros y me preparé conscientemente para favorecer un buen inicio. Y así fue: no he tenido dificultades significativas y actualmente llevo 22 meses de lactancia.
Soy plenamente consciente de lo afortunada que he sido. Mi vivencia no representa todas las realidades, y precisamente por eso considero importante compartirla desde la humildad.
Sin embargo, también quiero ser honesta con otra parte menos visible: en los últimos meses han aparecido sentimientos de ambivalencia. Quiero continuar con la lactancia, pero al mismo tiempo, hay momentos en los que la siento limitante.
Ser madre monoparental implica que toda la carga recae sobre mí, y la lactancia añade una capa más a la logística diaria. Desde algo tan sencillo como vestirme —priorizando ropa accesible para amamantar— hasta la organización del tiempo o la dificultad para delegar ciertos cuidados.
Y en esa ambivalencia también hay espacio para la validación: es posible amar profundamente la lactancia y, al mismo tiempo, sentir cansancio o necesidad de mayor libertad.
La lactancia materna es una herramienta maravillosa, pero no debe convertirse en una fuente de presión o culpa. Informar, acompañar y respetar las decisiones individuales es clave para una crianza consciente y saludable.
Porque al final, más allá de cómo se alimente a un bebé, lo verdaderamente importante es que crezca en un entorno de amor, cuidado y respeto.
Sandra Matarranz – Enfermera

