La importancia de la cercanía en la atención a familias con TEA
En el ámbito de la atención a niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) se habla mucho de objetivos, intervención, estrategias, apoyos, seguimiento o evidencia. Todo eso importa y forma parte del trabajo. Pero hay algo que pocas veces aparece en los protocolos y que, sin embargo, sostiene gran parte de los avances: el vínculo.
Nosotras formamos Proyecto Cohete, un proyecto que nace con una idea muy sencilla pero muy profunda: acompañar a pequeños con TEA y a sus familias desde la cercanía, entrando en sus casas y formando también a los profesionales que forman parte de su entorno.
Con el tiempo hemos descubierto algo que hoy ya forma parte de nuestra manera de trabajar: nuestro trabajo no empieza cuando entramos en sesión ni termina cuando nos despedimos del niño. Empieza mucho antes. Empieza cuando recordamos que el hermano tenía un examen importante. Cuando preguntamos: “¿Qué tal fue el médico, María?”. Cuando nos acordamos de aquella receta que Antonia nos contó que quería probar y días después volvemos a preguntar si finalmente salió bien.
Empieza cuando entendemos que acompañamos a un niño, sí, pero que alrededor de ese niño hay personas que sostienen muchísimo y que también necesitan sentirse vistas.
Y tampoco termina cuando recogemos el material y cerramos la puerta. Termina —si es que termina— con un “escríbeme si necesitáis algo”, que no es una frase hecha. Es que realmente queremos estar disponibles. Es que nos alegra recibir una foto del fin de semana porque han conseguido salir todos juntos a comer fuera. Es emocionarnos cuando nos enseñan que han probado una actividad nueva o que han vivido una situación que hace unos meses parecía impensable.
Porque cuando una familia siente ganas de compartirte esos pequeños logros cotidianos, probablemente no te está viendo solo como una profesional: te está sintiendo como alguien seguro. Y creemos que ahí ocurre algo importante.
Durante mucho tiempo los servicios de atención han estado muy centrados —con razón— en el conocimiento técnico. Pero en ocasiones hemos olvidado que acompañar no consiste únicamente en aplicar herramientas, sino también en generar espacios donde las familias puedan sentirse comprendidas, sin miedo a equivocarse, sin sentir que están siendo evaluadas constantemente.
La cercanía no es perder profesionalidad.
La cercanía no es invadir espacios.
La cercanía no es estar disponible veinticuatro horas.
La cercanía es recordar que delante de nosotros no hay casos, hay personas.
Es entender que una sesión de cuarenta y cinco minutos no puede desconectarse de todo lo que ocurre antes y después. Es saber que a veces una madre no necesita otra estrategia más, sino sentir que alguien le dice: “Lo estáis haciendo bien”.
Desde Proyecto Cohete creemos profundamente que el conocimiento transforma, pero el vínculo sostiene. Y cuando una familia se siente acompañada de verdad, cuando percibe que no es un expediente más ni una hora más del calendario, pasan cosas muy bonitas: preguntan más, confían más, prueban más, celebran más y, sobre todo, dejan de sentirse solas.
Quizá esa sea una de las partes más invisibles de nuestro trabajo. Y también una de las más importantes.
Proyecto Cohete.

