Cuando somos pequeñas, nuestro padre es el primer hombre que conocemos. El que nos dice guapa, el que nos quiere, el que nos dice que somos únicas, que nos admira, el que nos trata como princesas, el que nos enseña qué es el respeto con sus acciones. O todo lo contrario: el que no nos hace caso, el que nos trata mal, el que está poco, el que nos abandona o está totalmente ausente, el que nos carga con sus problemas y sus emociones, convirtiéndonos en su apoyo cuando éramos nosotras las que necesitábamos el suyo, el que incluso tiene otra familia. Este es el primer contacto con un hombre que tenemos. Así es como nosotras nos vamos a relacionar de mayores con los hombres, y lo que vamos a aceptar de ellos, porque será lo que veamos normal. Nuestro cerebro busca lo conocido, sea bueno o malo.
¿Reconoces en tus relaciones la relación que tenías con tu padre?
Si tu padre fue distante, ausente o no disponible, quizás atraes a hombres que no están disponibles: casados, con pareja, o que te eligen a medias. A hombres emocionalmente no disponibles, que están pero no están, pegados a su madre o simplemente sin capacidad de entregarse de verdad. A hombres que necesitan que tú lo des todo mientras ellos aportan poco. A hombres que te hacen sentir que tienes que ganarte su atención, su tiempo, su amor.
Si tu padre estuvo presente, te admiró y te trató con amor, tu cerebro también busca eso. Solo aceptas un amor sincero, equilibrado, que te valore. Y si no lo encuentras, no lo fuerzas.
Estos son patrones que desde pequeña viviste y de adulta ves normales, pero esto se puede cambiar. Porque cuando haces consciente lo inconsciente, dejas de que el subconsciente dirija tu vida y de llamarlo destino.
Ejercicio
Escribe sobre la pregunta que te hago más atrás, reflexionando desde el corazón. Prepara el sitio: una libreta que te guste, un bolígrafo que te guste, una velita, un incienso, música que te relaje, que calme tu sistema nervioso y te deje fluir en la escritura.
Lo que verás en tu cuaderno será muy revelador para ti. Entenderás cosas a las que hasta ahora no les dabas explicación.
Responsabilizarte es un acto de valentía que te lleva a la libertad.
Con mucho amor, Lucia Romero – Coach

