La Colección del Museo Ruso ha presentado este lunes la exposición ‘Mijaíl Glinka. El viajero romántico’, que propone un recorrido por la figura del compositor ruso y el universo cultural, artístico y científico que definió el siglo XIX, cuando el viaje, la música y la imagen comenzaron a transformar la manera de entender el mundo.
Mijaíl Glinka (1804-1857), considerado el padre del nacionalismo musical ruso, encarna la figura del viajero romántico que se adentra en otras culturas no como un turista, sino como un observador atento. Su estancia en España lo llevó a integrarse en la vida popular, descubrir el flamenco y asimilar las tradiciones musicales del país, incorporando esos elementos a su obra con una sensibilidad pionera.
La exposición, comisariada por Pepe Zapata, sitúa a Glinka en el contexto del ‘Grand Tour’, el viaje educativo y cultural que, entre los siglos XVII y XIX, realizaron jóvenes aristócratas europeos por países como Francia e Italia. Este fenómeno adquirió en España una dimensión singular, visto como un territorio de identidad genuina en contraste con la uniformidad europea, especialmente en Andalucía, donde los viajeros románticos buscaban el exotismo de Oriente, a través del legado de Al-Ándalus. Estas experiencias, plasmadas en relatos íntimos, dieron origen a las primeras guías de viaje modernas, transformando el turismo convencional en una profunda vivencia de autenticidad, fascinación histórica y autodescubrimiento espiritual.
A la presentación de la exposición, en la que colabora la Fundación ”la Caixa”, han asistido Mariana Pineda, concejala de Cultura y Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Málaga; Luis Lafuente, director de la Agencia Pública para la Gestión de la Casa Natal de Pablo Picasso y Otros Equipamientos Museísticos y Culturales; el comisario de la muestra, Pepe Zapata; Juan Carlos Barroso, responsable territorial en Andalucía, Ceuta y Melilla de la Fundación ”la Caixa”; y Enrique Sánchez, director de Área de Negocio de CaixaBank en Málaga.
‘Mijaíl Glinka. El viajero romántico’ reúne más de un centenar de piezas procedentes de distintas colecciones nacionales e internacionales. Entre ellas, la Colección Pepe Zapata, donde destacan obras fundamentales de la literatura de viajes como ‘Impresiones de viaje’ de Alejandro Dumas’ (1856) o el ‘Handbook for Travellers in Spain’ de Richard Ford. Estos volúmenes conviven con mapas antiguos de España, Inglaterra y Alemania del siglo XIX, así como con objetos como baúles de viaje, pistolas de chispa de avancarga y material de escritorio decimonónico.
La pintura costumbrista y romántica también está representada a través de la Colección Carmen Thyssen. Obras como ‘La Reyerta’y ‘Jaleando a la puerta del cortijo’, de Manuel Cabral Aguado Bejarano, o ‘El cante de la moza’, de Ángel María Cortellini’, reflejan la construcción visual de Andalucía como escenario de identidad, pasión y exotismo. La Colección Antonio Castillo amplía este discurso con paisajes y vistas del sur peninsular firmados por autores como Fritz Bamberger o José Denis Belgrano.
Fotografía e ilustración
En este contexto, el siglo XIX fue también un periodo de profundas transformaciones políticas, sociales y tecnológicas. La irrupción de la fotografía supuso un cambio radical en la forma de representar el mundo, coincidiendo con el auge de la prensa gráfica, la litografía y el grabado en metal, que democratizaron el acceso a las imágenes. Esta revolución visual se materializa en la exposición a través de libros ilustrados, revistas, grabados coloreados a mano y xilografías del siglo XIX.
La muestra recoge también la importancia de la estereoscopia, una de las primeras formas de visión tridimensional desarrolladas en el siglo XIX, así como el papel de inventores como Charles Wheatstone o David Brewster, que contribuyeron a popularizar nuevas formas de percepción visual. Este universo se refleja en la Colección Fernández Rivero, que incorpora estereoscopios de sobremesa, visores, cartulinas estereoscópicas y fotografías tridimensionales del siglo XIX.
En paralelo, figuras como Gustave Doré revolucionaron la ilustración del siglo XIX. Además de sus series más conocidas, como las dedicadas a la ‘Divina Comedia’ o ‘El Quijote’, Doré desarrolló el relato visual del viaje a España que realizó junto a su amigo Davillier, publicado en la revista ‘Le Tour du Monde’ a partir de 1865. En este proceso, utilizaron al menos 40 fotografías como referencia para realizar sus composiciones.
Entre las obras de la exposición, se puede disfrutar de las “ensoñaciones” plásticas que el propio comisario, Pepe Zapata, en su faceta artística, ha creado para dinamizar la muestra. Se trata del resultado de un proceso de investigación en el acervo documental y gráfico del siglo XIX, la implementación de herramientas de inteligencia artificial sobre las piezas seleccionadas y finalmente, un retorno a lo analógico a través de impresiones retocadas con pincel y enmarcadas en marcos de la época. Un viaje de ida y vuelta entre la tecnología, el objeto artístico y la mirada creativa que ofrece una nueva lectura de la revolución tecnológica y visual iniciada hace 200 años.
La exposición incorpora además la figura de Marius Bois, editor musical, investigador y coleccionista francés, cuya labor fue clave en la preservación del patrimonio gráfico y sonoro del flamenco, así como la del artista Nikolái Alexandrovich Stepánov, que plasmó la fascinación de Glinka por la cultura española, y la del musicólogo Adolfo Salazar, quien destacó la forma en que el compositor ruso incorporó a su obra instrumentos populares como la pandereta, la guitarra, la bandurria o las castañuelas. Esa misma mirada le llevó a trasladar a sus partituras y composiciones orquestales músicas tradicionales como las malagueñas, los fandangos y las jotas, integrando de manera novedosa el folclore en la creación musical.
Esta parte del recorrido expositivo se completa con piezas procedentes de la Colección del Museo de la Música de Barcelona, entre las que destacan guitarras históricas de lutieres como Antonio de Torres Jurado, Francisco Sanguino o Jean Nicolas Lambert. A ellas se suman, entre otras piezas, un piano malagueño del siglo XIX, perteneciente a la Colección Miguel Ángel Piédrola, y un dispositivo mecánico con disco metálico que reproduce música de Glinka.

