¿Cuántas veces te han preguntado cómo estás y has respondido «bien» sin pensarlo?
Y, sin embargo, algo dentro de ti sabe que la respuesta no es tan simple.
Y sin embargo, algo en el cuerpo dice otra cosa. Los hombros tensos desde hace semanas, la mandíbula apretada por las mañanas, noches en las que no terminas de descansar. Una sensación de agotamiento que no tiene una causa clara, un nudo en el pecho, emociones que no sabemos bien cómo procesar y expresar.
No es que estés mintiendo. Es que muchas veces, genuinamente, no sabemos lo que sentimos. Y eso tiene una explicación que no está únicamente en la cabeza. También está en el cuerpo.
El cuerpo también aprende
Desde pequeños recibimos mensajes sobre qué emociones son aceptables y cuáles no. Aprendemos cuándo mostrar lo que sentimos y cuándo contenerlo. Con el tiempo, estas respuestas dejan de ser conscientes y se convierten en nuestra forma habitual de estar en el mundo.
La bioenergética propone que ese proceso no ocurre solo en la mente. Queda alojado en el cuerpo. La respiración se vuelve más superficial, la mandíbula permanece tensa, el pecho se cierra, el abdomen se endurece.
No son decisiones que tomamos cada día, sino patrones que se construyen lentamente como formas de adaptación.
Con el tiempo, esas respuestas se vuelven tan habituales que dejan de sentirse como una protección. Pasan a formar parte de quienes creemos que somos.
Cuando sentir deja de ser seguro
La desconexión con lo que sentimos se construye de forma progresiva. Las emociones no desaparecen, siguen presentes. Lo que cambia es la capacidad de percibirlas.
La tristeza puede volverse cansancio constante.
El miedo, aislamiento o ansiedad.
La frustración, una irritabilidad sin causa aparente.
A veces creemos que estamos agotados cuando, en realidad, llevamos demasiado tiempo sosteniendo algo que nos duele.
No es casual que tantas expresiones cotidianas describan estados emocionales con imágenes corporales: tener un peso encima, sentir un nudo en la garganta, cargar algo sobre los hombros.
Entender las emociones no es lo mismo que sentirlas
Vivimos en una época donde hablamos mucho de emociones. Leemos sobre ansiedad, regulación emocional y bienestar. Y aun así, muchas personas siguen sin poder responder con claridad qué están sintiendo.
Comprender una emoción intelectualmente no es lo mismo que experimentarla. Podemos hablar sobre emociones durante horas y, aun así, seguir desconectados de lo que estamos sintiendo en este momento.
La conciencia emocional requiere algo más que información: requiere contacto con la propia experiencia, con esas emociones que están bloqueadas o congeladas en el cuerpo.
Recuperar sensibilidad
Reconocer lo que sentimos es una habilidad que puede desarrollarse. No se trata de analizar cada emoción ni de vivir mirando permanentemente hacia adentro. Se trata de recuperar sensibilidad: volver a prestar atención a las señales que aparecen en el cuerpo, en la respiración, en el estado de ánimo y en el contacto con los demás.
Porque muchas veces la pregunta no es si estamos sintiendo algo. La pregunta es cuánto espacio nos estamos dando para escucharlo.
Tal vez reconocer una emoción no cambie inmediatamente aquello que estamos viviendo.
Pero puede ser el primer paso para dejar de cargarla en silencio.
Soy Pamela Salgado y acompaño procesos de autoconocimiento integrando comunicación, astrología, bioenergética y creatividad. Podéis seguir mi trabajo en @astrobioenergetica y en astrobioenergetica.com
