Actriz, presentadora y creadora de contenido, Fina Mayo cuenta con una amplia trayectoria ligada al mundo de la interpretación y la comunicación. Una mujer inquieta, cercana y con una clara vocación por seguir creciendo y reinventándose. En esta entrevista conocemos mejor su carrera, sus experiencias y sus proyectos, pero también descubrimos a la Fina más personal, sus inquietudes, recuerdos y sueños.
¿Cómo recuerdas tu infancia?
De mi infancia recuerdo una infancia feliz, cerca del mar, mucho viaje, mucho disfraz… Me encantaba cantar. Dice mi madre que siempre estaba cantando en el coche.
Era una niña muy alegre y muy sociable, y siempre un poco protagonista.
¿Quién es Fina?
Esa pregunta es difícil, porque muchas veces son los demás los que tienen que definirte. Pero siempre me define un lema: “alegría de vivir”, que me ha acompañado desde siempre, desde que era pequeña, en todos mis inicios y en todas mis facetas.
Como mujer, soy una mujer fuerte, luchadora, a la que le gusta ayudar siempre a otras mujeres.
Como actriz, soy una actriz muy versátil. Me siento tan cómoda en la comedia como en el drama.
Y como persona, creo que son los demás los que me deben describir. Pero, si algo tengo, es que me gusta ayudar a los demás.
¿Qué has encontrado en la interpretación?
Pues yo en la interpretación encontré una forma de ser feliz.
Siempre había sido muy feliz, pero cuando recibí mis primeros aplausos con 14 años, haciendo un personaje muy difícil como era La Poncia, en La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, en ese momento aquellos aplausos fueron para mí una revelación.
Supe que ese era el medio en el que me quería mover siempre.
¿Qué recuerdas especialmente importante en tu trayectoria?
Definir un momento importante en mi trayectoria sería muy difícil, porque he pasado por todos los registros y, para mí, cada proyecto significaba que era el más importante. Mi implicación, tanto en teatro como en cine o publicidad, siempre ha sido del 100%.
Pero lo que sí tengo que decir es que donde mejor me he sentido ha sido cuando alguien mayor, o alguien que ha pasado por una depresión, ha venido, me ha esperado en camerino y me ha dicho: «Gracias, porque hacía mucho tiempo que no me reía».
Para mí, ese tipo de palabras cobra todo el significado de lo que es mi profesión.
Me quedo con esos momentos en los que he ayudado a una persona, o en los que, desde la televisión, he podido llegar a alguien que estaba en un hospital viendo la televisión y poder transmitirle algo.
Para mí, eso es un lujo como profesional.
¿Qué tiene el teatro de especial?
Pues diría que en el teatro hay un contacto con la realidad brutal con el público, donde no se puede mentir.
Es lo que sientes, la emoción que sientes en cada momento, y no hay vuelta atrás. En el teatro empieza y termina. No hay ensayos, no hay máscaras. Si te confundes, te confundes; si te da la risa, te da la risa.
Me parece algo tan auténtico, donde tu corazón se abre siempre al servicio del personaje, que es el único sitio donde no se puede mentir encima de un escenario.
Eso es lo que he aprendido del teatro: la autenticidad y un respeto enorme por el público, que paga una entrada por verte.

¿Qué diferencia encuentras entre interpretar un personaje y ser Fina?
Pues realmente, todos interpretamos un personaje, incluso siendo simplemente Fina.
Cada vez que estás de presentadora, estás también haciendo un personaje. Un personaje que habla o gesticula de una manera diferente para que llegue al espectador de una u otra manera. Tú eres consciente de qué estás transmitiendo y de qué manera puede llegar mejor al público, aunque sea muy yo, muy Fina, muy natural.
Siempre se interpreta un tipo de papel. Todos interpretamos un papel en la vida.
Lo bueno de interpretar un personaje es que no te tienes que mostrar. No tienes que mostrar tu parte débil, tu parte fuerte, tu parte… El personaje es el que habla, no tú.
Cuando te enfrentas a un directo en un programa de televisión, eres tú la que estás en el vacío más absoluto, con miedo a equivocarte, porque no tienes texto, no tienes guion. Eres simplemente tú conectando con no se sabe qué, con un espectador al que ni siquiera le pones cara.
¿Qué significa Málaga para ti?
Pues, lamentablemente, tengo que decir que hubo un tiempo en el que renegaba de mi ciudad. Me fui muy joven a Madrid y sentía que Málaga no apoyaba a sus talentos. No había una industria fuerte en aquel momento, éramos muy pocos y prácticamente todos teníamos que irnos a la capital para buscar oportunidades.
Cuando volví aquí, las cosas habían cambiado muchísimo. Y creo que todavía queda un camino bastante grande por recorrer, sobre todo para estar más conectados entre el mundo de los artistas, reivindicar lo nuestro y apostar por proyectos propios, proyectos locales y equipos locales.
Siento que Málaga, por ser una ciudad marítima, tan abierta y con tanto tránsito, muchas veces se vende a las expectativas de los que vienen de fuera y, en ocasiones, cuida poco lo que tiene dentro.
Y creo que tenemos muchísimo talento aquí. Lo que necesitamos es apoyarnos más, crear industria y creer en nosotros mismos.

¿Cómo fue el paso a la comunicación?
Pues el paso a la comunicación ha sido algo natural y orgánico.
Es decir, fui cumpliendo años y me di cuenta de que, bueno, pues cada vez, ya con 45, 50 años, los papeles eran cada vez menos, tanto en cine como en teatro, como en mi faceta de presentadora.
Pero sabía que mi potencial, ese don con el que todos nacemos, tenía que desarrollarlo. Y encontré en la creación de contenido una forma de expresión, de poder comunicarme, de seguir delante de una cámara, ayudando a los demás y transmitiendo un mensaje.
Yo siempre he dicho que, si hubiera nacido en esta época, sería influencer. Quizás ni siquiera sería actriz, porque es un mundo que me gusta. Lo he pillado tarde, pero en cuatro años he crecido muchísimo.
Y no lo he hecho con la intención de ser influencer, sino con la intención de dar visibilidad a las mujeres de más de 40 años, demostrar que todavía tenemos mucho que decir, mucho que aportar y mucho que mostrar.
¿Cómo nació JF Presentadores?
Pues realmente surgió de la necesidad de dos actores que coincidimos en un curso de cine y de interpretación.
Un día, tomándonos una cerveza, dijimos: «A ver, con el talento que tenemos…». Porque vi delante de mí a un potencial actor, también con buen físico y con buenas dotes para la comunicación. Y pensé: estamos en un sitio donde hay muchísimos eventos y creo que podemos unirnos y hacer algo juntos.
Tuvimos una conexión profesional muy grande y de ahí surgió la idea: ¿por qué no empezamos una empresa que se llame JF Presentadores?
Una empresa dedicada a presentar eventos, a todo lo que tenga que ver con la comunicación y la interpretación: eventos privados, actos de Diputación, pases de modelos… Todo aquello en lo que pudiéramos aportar nuestra experiencia como actores y comunicadores.
Y ahí empezamos a trabajar muy duro para abrirnos puertas: en ayuntamientos, en redes sociales, buscando oportunidades y dándonos a conocer.
Poco a poco nos fuimos haciendo un nombre y, bueno, todavía seguimos en la lucha.
Nuestro objetivo desde el principio ha sido muy claro: queremos ser referentes, una empresa referente aquí en Málaga en el ámbito de la presentación de eventos y la comunicación.
¿Cómo has llegado al UGC?
Pues es muy fácil. Todo ha sido, como te decía antes, un proceso lógico, en el que poco a poco me iban encargando cosas: vídeos para una escuela de inglés, vídeos para gente a la que no le gusta salir en cámara… Contrataban actores para hacer ese tipo de contenido.
Entonces vi que se me daba bien, que a la gente le gustaba lo que hacía y cómo lo hacía. Empecé a interesarme por el tema y descubrí que, en ese momento, el UGC —contenido generado por el usuario— estaba siendo una auténtica revolución en Sudamérica y en Estados Unidos, y empezaba a entrar también en España.
Las agencias de marketing empezaban a buscar personas reales que pudieran transmitir el mensaje de una marca de una manera cercana y creíble.
Así que empecé a investigar muchísimo sobre el tema, a apuntarme a todas las agencias, a hacer cursos y a formarme.
Y en estos cuatro años, creo que ya he trabajado para más de 200 marcas, creando diferentes tipos de contenido.
Estoy muy contenta con este camino y, sobre todo, porque siento que esto no ha hecho más que empezar. El contenido UGC sigue creciendo y yo quiero seguir creciendo con él.
¿Existe edadismo en nuestra profesión?
Pues sí, claro que existe edadismo. Se quiera o no se quiera y, aunque no se diga abiertamente, en muchas empresas lo notas.
Muchas veces prefieren contratar a una presentadora de 30 años antes que a una de 50. En el caso de las actrices quizá no tanto, porque depende mucho del tipo de personaje, pero en presentación y comunicación sí se nota.
La experiencia muchas veces no se valora tanto como debería. A mí, incluso, me han echado para atrás en alguna ocasión precisamente por eso: «Es que tiene mucha experiencia y no hay dinero para eso».
Pero afortunadamente, muchísimas mujeres han empezado a hablar de la etapa de la premenopausia, de la menopausia, de lo que significa ser una mujer madura, poderosa, luchadora, triunfadora o empresaria.
Y eso nos ha ayudado muchísimo a las mujeres emprendedoras de nuestra edad a tener más credibilidad, más visibilidad y más reconocimiento.
Creo que estamos empezando a cambiar la mirada sobre lo que significa cumplir años, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.
¿Todavía te pones nerviosa delante de una cámara o en un escenario?
Siempre me pongo nerviosa antes de salir a un escenario. Por muy controlado que lo tenga todo, por muy bien sabido que lo tenga, los diez minutos antes siempre me provocan muchísimo nerviosismo.
Tengo mucho miedo de olvidarme, de que me salga mal, de quedarme en blanco. Además, vengo arrastrando desde pequeña una dislexia que nunca fue diagnosticada y que, con el tiempo, se me ha agravado. Confundo palabras y siempre tengo ese miedo de quedarme en blanco, de tartamudear o de equivocarme.
Y eso, encima de un escenario, genera mucha ansiedad y mucho nervio.
Pero, bueno, al final tienes escuela, tienes tablas y aprendes a salir de todos los fallos que puedan surgir. Porque esa es también la experiencia: saber que, aunque algo salga mal, tienes recursos para continuar.

¿Qué sueño te queda por cumplir después de tantos años y tantas facetas profesionales?
Pues bueno, llevo muchos años en esta profesión, pero realmente me encantaría que todavía me quedara por hacer algo que para mí es muy importante: interpretar un personaje protagonista.
Todavía no he hecho ningún personaje protagonista ni en una serie ni en una película, y me gustaría muchísimo defender un personaje protagonista, con una trama importante, y poder demostrar todo lo que todavía tengo dentro como actriz.
Y también tengo otro sueño que me acompaña desde que empecé en esta profesión: ser dueña de mi pequeño teatro.
Tener un local donde pueda programar, donde pueda existir un laboratorio artístico, donde la gente pueda probar, crear y llevar a cabo proyectos. Un sitio pequeñito que yo pueda gestionar, donde pueda desarrollar mis propias ideas y, sobre todo, apoyar a nuevos talentos.
Ese sería mi sueño: mi pequeño negocio teatral, un espacio de creación y de encuentro para seguir haciendo lo que más me gusta y dando oportunidades a los que empiezan.
¿Qué le dirías a esa niña que fuiste tú?
Pues le diría que, si volviera atrás, volvería a hacer lo mismo y me volvería a dedicar a lo mismo.
Sí que le diría que tuviera un plan B. Igual que les digo a mis hijos: hay que tener un plan B. Sobre todo cuando somos artistas, porque cuando te falla esto, necesitas tener algo que te sostenga para no caer en una miseria económica o en una depresión. Y de eso no se habla lo suficiente: de cómo gestionar los altibajos de esta profesión.
También le diría que nadie la desvíe de su camino. Pero no del camino al éxito, porque a mí no me gusta hablar del camino al éxito. Me gusta hablar del camino de tus sueños, de aquello que tú esperabas para ti.
Que nadie te desvíe de ese camino. Y, sobre todo, que nadie tenga la potestad de decirte: «No, no sirves. No vales. No puedes».
Que nadie te desvíe.
Creo que uno de los errores que he cometido es que muchas veces, por amor, me he desviado bastante de mi sueño. Y ese es un consejo que sí me gustaría darle a aquella niña si pudiera volver atrás:
La persona que está a tu lado tiene que apoyarte para crecer, para sacar la mejor versión de ti como artista y como persona. Nunca para hacerte más pequeña.
Desde MuchoMás.es queremos agradecer a Fina Mayo su cercanía, su tiempo y, sobre todo, la generosidad con la que ha compartido con nosotros tanto su trayectoria profesional como su lado más personal.
Ha sido un placer conocer un poco más a la mujer que hay detrás de la actriz, la presentadora y la creadora de contenido, así como descubrir sus inquietudes, sus sueños y esa pasión que sigue impulsándola a continuar creciendo.
Gracias, Fina, por abrirnos las puertas a tu historia y por compartirla con todos nuestros lectores. Te deseamos que sigas cumpliendo sueños y llenando de proyectos cada nueva etapa. ❤️

