Hay personas que convierten su imaginación en una forma de vida. Jorge Porras es una de ellas. Actor, director, productor y escritor, su trayectoria está marcada por la pasión por el cine, la creatividad y la constancia para sacar adelante sus propios proyectos.
En esta entrevista, Jorge Porras recuerda su infancia, sus primeros pasos en la interpretación, su evolución detrás de las cámaras y los retos de hacer cine independiente, además de compartir su experiencia con El Culpable: Redención, una película muy personal con la que reivindica el talento audiovisual de Málaga.
Una conversación cercana sobre vocación, superación y la importancia de perseguir los sueños, incluso cuando el camino no es fácil.
Jorge, queremos empezar por conocerte a ti, antes que al actor, director o productor. ¿Cómo era aquel niño que fuiste? ¿Qué recuerdos guardas de tu infancia y qué sueños tenía ese niño que quizá, con el paso de los años, terminaron llevándote hasta el mundo del cine?
Recuerdo mi infancia con muchísimo cariño. Probablemente haya sido una de las etapas más felices de mi vida y, si pudiera, volvería a vivirla sin dudarlo. Tuve la suerte de crecer rodeado de amigos, en urbanizaciones donde siempre había niños con los que jugar. Aunque en clase podía ser algo introvertido, cuando cogía confianza era muy sociable y divertido.
También era un niño con muchísima imaginación. Consumía muchísimo cine y series de televisión, una afición que además compartía con mi padre, a quien siempre le ha gustado mucho el cine. Me encantaba leer cómics y tebeos en voz alta, interpretando a los personajes e inventándoles voces. Y cuando jugaba con mis figuras y muñecos hacía exactamente lo mismo: creaba personajes, historias y diálogos.
Además, desde muy pequeño escribía mis propios relatos. Recuerdo que a mis profesores les llamaban mucho la atención y me decían que tenía una gran imaginación y facilidad para crear historias. Viéndolo ahora con perspectiva, creo que muchas de las cosas que forman parte de mi vida profesional ya estaban allí de alguna manera: interpretar, escribir, imaginar personajes y
contar historias. Simplemente, entonces todo era un juego.
Para quienes todavía no te conocen, ¿quién es Jorge Porras? ¿Cómo te definirías como persona cuando no estás detrás o delante de una cámara?
Me considero, ante todo, una persona cercana y de buen corazón. Soy sociable, muy amigo de mis amigos, familiar, detallista y de costumbres bastante tradicionales. Valoro mucho a las personas que quiero y, con los años, también he aprendido a apreciar cada vez más la tranquilidad y las pequeñas cosas del día a día.
Creo que sé escuchar a los demás, y es algo a lo que doy mucha importancia. Me gusta conocer a las personas, intentar entenderlas y estar ahí cuando alguien necesita hablar. Incluso creo que esa capacidad de observar y escuchar también termina aportándome cosas como actor.
Otra característica que me define es la perseverancia. Cuando algo realmente me importa, soy muy luchador y tenaz; me cuesta rendirme y peleo por aquello que me propongo, incluso cuando el camino se complica.
Y, por supuesto, soy una persona muy creativa. Disfruto muchísimo del cine, la escritura y los videojuegos. Aunque esté lejos de una cámara, esa necesidad de imaginar personajes, mundos e historias siempre forma parte de mí.
¿Recuerdas cuándo nació tu interés por el cine y la interpretación? ¿Hubo alguna película, actor o momento concreto que te hiciera pensar que querías dedicarte a este mundo?
Mi interés por el cine y la interpretación nació desde muy pequeño. Crecí en los años 80 y 90 consumiendo muchísimas películas, series de televisión y de animación, y no me conformaba solo con disfrutarlas: me imaginaba dentro de ellas. De alguna manera, quería ser una de esas personas que estaban al otro lado de la pantalla.
Quizá esa inquietud empezó a tomar una forma más concreta alrededor de los 12 o 13 años. Participaba en obras de teatro en el colegio y también organizábamos nuestras propias representaciones con los amigos de la infancia. Recreábamos desde series de animación y anime hasta pequeñas funciones o pasajes del terror. Todo lo que implicara disfrazarme,
maquillarme y convertirme por un rato en otra persona me fascinaba.
Pero creo que ahí también empezaba a aparecer mi faceta como director y creador. Cuando veía una película, muchas veces imaginaba cómo la habría hecho yo. Recuerdo, por ejemplo, películas como Las Tortugas Ninja: pensaba qué cambiaría, qué personajes incorporaría o cómo trasladaría determinadas historias a la pantalla de una manera diferente. No era una cuestión de
pensar que pudiera hacerlo mejor, sino de que mi imaginación me llevaba inevitablemente a crear mi propia versión de aquello que estaba viendo.
Por eso no podría señalar una película o un actor concreto que despertara mi vocación. Fue la suma de muchas películas, series y personajes. Con el tiempo entendí que no solo quería estar dentro de aquellas historias interpretándolas; también quería imaginarlas, escribirlas y algún día poder contarlas desde detrás de una cámara.
¿Qué fue lo primero que te atrapó de la interpretación: convertirte en otra persona, contar historias, estar delante de una cámara o la posibilidad de emocionar al público?
Creo que lo que realmente me atrapó fue la posibilidad de contar historias y, al mismo tiempo, poder convertirme en uno de sus personajes. Desde pequeño escribía pequeños relatos, primero a bolígrafo y papel y también en aquellas máquinas de escribir anteriores a los ordenadores. Mis profesores destacaban mucho mi imaginación, y yo disfrutaba tanto creando aquellas historias
como imaginándome después dentro de ellas.
Por eso, para mí, escribir e interpretar siempre han estado muy unidos. No solo quería crear un personaje sobre el papel; quería ponerle rostro, voz, emociones y poder vivirlo delante de una cámara. Y, por supuesto, detrás de todo estaba también el deseo de provocar algo en quien estuviera al otro lado, ya fuera un espectador o un lector.
Esa necesidad de contar historias me llevó años después a escribir mi primera novela, La Profecía de Mikvar, una obra de fantasía épica que comencé en 2005 y terminé publicando en 2016. Fue un proyecto muy importante para mí porque acabé creando todo un universo propio de más de quinientas páginas. Creo que ahí se resume bastante bien lo que me atrapó y continúa atrapándome: imaginar una historia, crear personajes y conseguir que, de una manera u otra, cobren vida y puedan emocionar a los demás.
Con el paso del tiempo no te has quedado únicamente delante de la cámara y has ido desarrollando también tus facetas como director y productor. ¿Cómo se produce esa evolución y qué te lleva a querer contar tus propias historias?
Mi camino profesional en la interpretación comenzó relativamente tarde. Fue en 2015, con 33 años, y hubo una circunstancia personal que terminó siendo determinante para que diera el paso. Me detectaron un tumor cerebral de carácter benigno que, afortunadamente, pudo ser operado con éxito. Vivir una experiencia así te hace replantearte muchas cosas y, en mi caso, me hizo comprender que llevaba demasiado tiempo posponiendo algo que siempre había querido hacer. Pensé que nunca es tarde para intentarlo y que la vida puede cambiar cuando menos lo esperas. Así que decidí formarme como actor y empezar a perseguir aquella vocación que había tenido desde niño.
Sin embargo, apenas dos o tres años después descubrí que no quería limitarme únicamente a estar delante de una cámara. Empecé a coescribir y codirigir un proyecto que inicialmente iba a ser un cortometraje y que terminó creciendo hasta convertirse en mi primer largometraje, El Culpable. También asumí su producción y todo aquel proceso me hizo descubrir otra parte de mí que necesitaba desarrollar: no solo quería interpretar historias, también quería escribirlas, dirigirlas y hacer todo lo posible para que llegaran a existir.
Paralelamente he seguido desarrollando mi carrera como actor, participando en proyectos nacionales e internacionales de cine, televisión, cortometrajes y publicidad. A lo largo de estos años he tenido la oportunidad de formar parte de producciones como Toy Boy, La chica de nieve, Urban. La vida es nuestra, Kosta: The Paradise o The Crown, entre otras. Y creo que cada rodaje, independientemente de la dimensión del proyecto, me ha servido como aprendizaje. Observar cómo trabajan otros directores y equipos, conocer diferentes dinámicas de rodaje y vivirlas desde dentro me ha dado conocimientos y herramientas que después he podido trasladar a mis propios proyectos.
El Culpable terminó su postproducción en 2021 y aquella experiencia me llevó posteriormente a escribir y dirigir en solitario El Culpable: Redención, actualmente en fase de postproducción. Son dos películas que representan una parte muy importante de mi recorrido y quién sabe si la historia terminará convirtiéndose algún día en una trilogía. Mi evolución ha sido bastante natural: comencé queriendo ser actor y, por el camino, descubrí que también necesitaba crear mis propias historias y construirlas desde su origen.
Ser actor y al mismo tiempo dirigir y producir un proyecto debe cambiar completamente la manera de enfrentarse a un rodaje. ¿Qué Jorge aparece cuando estás delante de la cámara y cuál cuando estás detrás?
Cuando estoy delante de una cámara intento que todo mi mundo se reduzca al personaje. Me gusta conocerlo en profundidad, saber qué hay antes de lo que vemos en pantalla, entender su pasado, sus motivaciones y por qué actúa de una determinada manera. Siempre que trabajo con otros directores intento disponer de una biblia del personaje, ya sea proporcionada por ellos o construida a partir de sus indicaciones, porque necesito comprender quién es esa persona para poder interpretarla con la mayor verdad posible.
Detrás de la cámara aparece un Jorge diferente. Como director soy muy perfeccionista y exigente conmigo mismo, y además, cuando haces cine independiente, la responsabilidad se multiplica. No puedes estar pendiente únicamente de los actores o de la puesta en escena: inevitablemente terminas observando la iluminación, el atrezo, el set, los tiempos y multitud de pequeños detalles que pueden afectar al resultado final. Y en mis propios proyectos se añade una dificultad más, porque también soy actor y tengo que dirigirme a mí mismo.
Creo que esa es la gran diferencia: como actor intento concentrarme exclusivamente en sentir y comprender a mi personaje; como director tengo que abrir el foco y pensar en la película en su conjunto. Compaginar ambas facetas no siempre es fácil y en ocasiones hace que las jornadas sean especialmente exigentes, pero también me ha enseñado muchísimo. Al final, tanto delante como detrás de la cámara hay algo que no cambia: soy muy exigente conmigo mismo y siempre intento que el resultado sea el mejor posible.
Como productor conoces muy bien todo aquello que el espectador nunca llega a ver: conseguir financiación, organizar un equipo, buscar localizaciones, resolver problemas… ¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado para sacar adelante un proyecto?
Sin duda, mi mayor reto hasta ahora ha sido sacar adelante El Culpable: Redención. Es una película independiente que hemos levantado sin ayudas de organismos públicos ni el respaldo financiero de una gran productora, con una producción asumida por mí junto a un coproductor asociado. Cuando los recursos son limitados, cualquier dificultad se multiplica.
Eso ha significado que, además de escribir, dirigir, producir e interpretar, haya tenido que implicarme personalmente en muchas otras áreas: búsqueda y gestión de localizaciones, seguros, trámites administrativos, organización, planificación del rodaje… En una producción de estas características terminas desempeñando muchas funciones diferentes porque, sencillamente, alguien tiene que hacerlas.
Y después están los imprevistos propios de cualquier rodaje, que con pocos recursos resultan todavía más difíciles de resolver. Hemos tenido personas del equipo que se han caído prácticamente de un día para otro, cambios que solucionar sobre la marcha y jornadas sometidas a niveles de presión y estrés muy altos. Cuando no dispones de una gran infraestructura detrás, cada problema exige buscar rápidamente una alternativa para poder seguir rodando.
Ha sido una experiencia tremendamente exigente, pero también una de las que más me ha enseñado. Conseguir terminar el rodaje de una película en esas condiciones y verla ahora avanzando en su postproducción me hace valorar todavía más todo el esfuerzo que hay detrás de cada minuto que finalmente verá el espectador.
Has apostado en buena parte de tu trayectoria por hacer cine desde Málaga. ¿Qué significa para ti poder desarrollar tus proyectos en nuestra tierra y trabajar con profesionales malagueños?
Para mí hacer cine desde Málaga significa muchísimo, porque prácticamente toda mi formación y buena parte de mi recorrido profesional han nacido aquí. Aquí me he formado como actor y director, he asistido a clases, cursos y masterclasses, y he ido adquiriendo muchos de los conocimientos que después he trasladado a mis propios proyectos.
Por eso siento un orgullo especial cuando puedo rodar en Málaga y en distintos puntos de la provincia y trabajar con profesionales de nuestra tierra, algunos de ellos personas con las que empecé a formarme y a compartir experiencias cuando daba mis primeros pasos en este mundo hace ya once años. Por supuesto, también he trabajado con grandes profesionales de Madrid y de otros lugares, pero poder seguir creciendo junto a personas que han formado parte de tu camino desde el principio tiene un significado especial.
Málaga, además, respira cine y el Festival de Málaga ha estado presente en distintos momentos de mi trayectoria, tanto a través de proyectos y largometrajes en los que he participado como actor como de mis propios trabajos. Uno de los momentos más especiales llegó con El Culpable: Redención, cuando fuimos seleccionados en la 27.ª edición del festival, dentro de la sección 5 Minutos de Cine, con un primer avance de la película.
Poder desarrollar proyectos desde mi tierra, aprovechar la enorme variedad de localizaciones que ofrece nuestra provincia y trabajar con el talento que existe aquí es para mí motivo de orgullo. Me gusta pensar que, de alguna manera, cada película que hacemos también lleva un pedacito de Málaga con nosotros.
Ahora estás inmerso en un nuevo proyecto cinematográfico que se encuentra en fase de preproducción y que cuenta con un equipo 100 % malagueño. ¿Cómo nace esta nueva película y qué puedes contarnos de ella sin desvelarnos demasiado?
El Culpable: Redención, que actualmente se encuentra en fase de postproducción, nace como continuación de la historia que iniciamos con El Culpable. La idea de una secuela estaba ahí, pero hubo un momento que resultó decisivo: presentamos un primer tráiler conceptual del proyecto al Festival de Málaga y fuimos seleccionados en la sección 5 Minutos de Cine. Aquello supuso un impulso enorme y me hizo pensar que había llegado el momento de convertir esa idea en una película.
También influyó mucho la gente que había disfrutado de la primera entrega y quería saber cómo continuaba la historia. Pero esta vez yo quería ir un paso más allá: hacer una película más cruda, más adulta, con una producción más ambiciosa tanto técnica como artísticamente y, sobre todo, imprimirle plenamente mi identidad como cineasta. La primera película fue coescrita y codirigida; Redención, en cambio, es una historia que he escrito y dirigido íntegramente y en la que he podido desarrollar con mayor libertad mi propia visión.
Sin desvelar demasiado, la Costa del Sol continúa bajo la amenaza de la banda colombiana de Los Cauca y un nuevo asesinato llevará al inspector Samuel Alarcón al límite de sus convicciones morales. A partir de ahí comienza una búsqueda de respuestas y de redención en la que tendrá que enfrentarse no solo a lo que está ocurriendo a su alrededor, sino también a algo de su propio pasado que todavía desconoce y que un nuevo personaje pondrá ante él.
Es un thriller policial y un drama más oscuro, intenso y emocional que su predecesora. Quería que el espectador encontrara una evolución respecto a la primera película y, al mismo tiempo, una historia con personalidad propia.
¿Qué significa para ti que absolutamente todo el equipo de esta nueva producción sea malagueño? ¿Es también una forma de demostrar que en Málaga existe talento suficiente para levantar una película desde aquí?
Aunque no puedo decir que el cien por cien del equipo sea malagueño, sí lo es una amplísima mayoría, y para mí supone un enorme orgullo. Creo que es una manera de demostrar que en Málaga existe muchísimo talento y que desde aquí somos perfectamente capaces de levantar una película y aspirar a que tenga recorrido tanto en festivales nacionales como internacionales.
El Culpable: Redención se ha rodado íntegramente en nuestra provincia y uno de nuestros grandes objetivos sería poder estar en la 30.ª edición del Festival de Málaga. Sería especialmente bonito porque el proyecto empezó a darse a conocer precisamente allí y poder regresar con la película terminada supondría, de alguna manera, cerrar el círculo.
Además del talento humano, tenemos el privilegio de contar con una provincia que ofrece una enorme variedad de localizaciones. No es casualidad que numerosas producciones nacionales e internacionales hayan elegido Málaga y la Costa del Sol para sus rodajes. Creo que desde hace años Málaga ha demostrado que puede ser un auténtico plató cinematográfico y que existe una industria audiovisual cada vez más consolidada alrededor de ella.
Para mí, poder aportar mi pequeño granito de arena a todo eso y hacerlo acompañado de profesionales de mi tierra, muchos de ellos personas con las que llevo años trabajando y creciendo, es una satisfacción enorme. El talento está aquí; lo importante es seguir generando oportunidades para que pueda desarrollarse y llegar cada vez más lejos.
Cuando se habla de cine muchas veces pensamos únicamente en los actores y en el director, pero detrás hay decenas de profesionales. ¿Qué papel juega para ti ese equipo y cuánto de la película pertenece realmente a cada una de las personas que trabajan en ella?
Una película es, ante todo, un trabajo colectivo. Detrás de lo que finalmente ve el espectador hay decenas de profesionales, tanto a nivel artístico como técnico, y sin ellos sencillamente no existiría la película. Dirección puede marcar una visión, pero son muchas personas las que después ayudan a convertirla en realidad.
Valoro enormemente el trabajo de cada miembro del equipo, desde fotografía, cámara, iluminación o sonido hasta arte, vestuario, maquillaje, script, producción, montaje… Todos aportan su talento y una parte de sí mismos al proyecto. Y en el cine independiente ese compromiso adquiere todavía más valor, porque muchas veces encuentras personas que ponen una entrega, una constancia y una ilusión extraordinarias para sacar adelante una película con recursos muy limitados.
Creo que un director nunca debería olvidar eso. Puedes haber escrito la historia y tener muy claro lo que quieres contar, pero desde el momento en que comienza un rodaje la película empieza también a pertenecer a todas las personas que están ayudándote a construirla.
Después, en una alfombra roja o en una fotografía, normalmente los rostros más visibles son los actores o el director. Pero detrás de esos rostros hay muchísimas personas que quizá el público nunca llegue a conocer y cuyo trabajo está en cada plano. Para mí, reconocerlas y darles el lugar que merecen es fundamental.
¿Qué tiene esta nueva película que te haya hecho apostar por ella con tanta fuerza? ¿Qué te gustaría que sintiera el espectador cuando finalmente pueda verla?
Creo que he apostado con tanta fuerza por El Culpable: Redención porque, detrás de su trama policial, habla de temas profundamente humanos: la culpa, la pérdida, la familia, la venganza, la moralidad, la redención y, sobre todo, la posibilidad de tener una segunda oportunidad. Son sentimientos y conflictos que, aunque estén planteados dentro de una historia de ficción, podemos trasladar perfectamente a muchos momentos de nuestra propia vida.
Me gustaría que el espectador disfrutara del thriller, que sintiera la tensión y se implicara emocionalmente con los personajes, pero también que la película le dejara algo cuando terminara. Que pudiera preguntarse qué habría hecho él en determinadas situaciones, dónde están los límites entre lo correcto y lo incorrecto o hasta qué punto nuestros actos pueden condicionarnos.
Además, me gusta dejar cierto espacio para que sea el propio espectador quien complete la historia y saque sus conclusiones. No me interesa explicarlo absolutamente todo ni imponer una única lectura. Si cuando aparecen los créditos finales la película continúa durante unos minutos en la cabeza de quien la ha visto, si genera una conversación o una reflexión, para mí ya habremos conseguido algo muy importante.
También has presentado proyectos anteriormente dentro del Festival de Málaga. ¿Qué supone para un cineasta malagueño poder presentar su trabajo precisamente aquí, delante de su público y en uno de los grandes escaparates cinematográficos del país?
He tenido la suerte de que distintos proyectos en los que he participado, como Akemarropa o Perros y Diablos, entre otros, hayan tenido presencia en el Festival de Málaga, y para mí, como malagueño, es algo que tiene un significado muy especial. Por supuesto que quieres que tus trabajos tengan recorrido, que puedan llegar a otros festivales importantes y darse a conocer tanto dentro como fuera de España, pero presentar cine en tu propia tierra siempre tiene un componente emocional diferente.
El Festival de Málaga es uno de los grandes escaparates de nuestro cine y poder formar parte de él supone también una oportunidad enorme para dar visibilidad al trabajo que hacemos desde aquí. Pero más allá de la dimensión profesional, hay algo que para mí no tiene comparación: sentir que estás jugando en casa.
Poder encontrarte allí con compañeros, amigos y personas que han seguido tu trayectoria, sentir el cariño del público de tu tierra y, sobre todo, poder compartir esos momentos con mi familia es difícil de explicar. Verlos acompañándome, disfrutando de un proyecto en el que he trabajado y sintiéndose orgullosos de mí tiene un valor que va mucho más allá de cualquier alfombra roja. Esos son los momentos que realmente se quedan contigo.
Tu trayectoria combina interpretación, dirección y producción. Si tuvieras que quedarte solamente con una de esas tres facetas durante el resto de tu carrera, ¿cuál elegirías y por qué?
Es una elección muy difícil porque las tres facetas me han dado muchísimo, pero si hoy tuviera que quedarme solamente con una, probablemente elegiría la interpretación. Es donde tengo una trayectoria más amplia y, sobre todo, me sigue fascinando la posibilidad de desaparecer durante un tiempo para dar vida a otra persona, construir un personaje y conseguir transmitir algo a través de él.
Dirigir también es una experiencia increíble. Ver cómo una historia que has imaginado y escrito termina cobrando vida delante de una cámara es difícil de explicar. Pero, especialmente en el cine independiente, la dirección conlleva una responsabilidad enorme. Cuando los recursos son limitados no estás pendiente únicamente de dirigir: tienes que controlar multitud de aspectos y resolver constantemente situaciones que pueden alejarte incluso de la parte más creativa.
Como actor, en cambio, puedo concentrar toda mi energía en una sola cosa: mi personaje. Estudiarlo, entenderlo, buscar sus matices e intentar ofrecer la mejor interpretación posible. Esa sensación continúa apasionándome.
Así que, si tuviera que elegir hoy, me quedaría con el actor. Pero digo «hoy» porque mi carrera me ha enseñado precisamente a no saber dónde puede llevarte el camino. Quizá dentro de unos años me hagáis esta misma pregunta y mi respuesta sea diferente.
¿Hay alguna diferencia entre la historia que tú quieres contar como director y la que finalmente recibe el espectador? ¿Qué importancia tiene para ti escuchar las opiniones del público una vez que una película deja de pertenecerte?
Para mí es fundamental intentar que la esencia de aquello que escribí llegue finalmente a la pantalla. Evidentemente, desde un guion hasta el rodaje siempre se producen cambios: aparecen nuevos matices, algunos diálogos evolucionan y determinadas situaciones pueden resolverse de otra manera. Pero como director necesito sentir que aquello que quería contar y las emociones que pretendía transmitir siguen estando presentes en la película terminada.
A partir de ahí llega un momento en el que la película deja de ser solamente tuya y pasa a pertenecer también al espectador. Cada persona la recibe desde sus propias experiencias y sensibilidad, y eso puede hacer que una misma historia provoque emociones o interpretaciones diferentes. Por supuesto que me importa muchísimo escuchar al público, tanto cuando el feedback es positivo como cuando aparece una crítica constructiva, porque siempre puedes aprender algo de la mirada de los demás.
También hay que aceptar que ningún trabajo puede gustar a todo el mundo. Ocurre incluso con las mayores producciones y forma parte del cine y de cualquier disciplina artística. Lo importante para mí es haber sido honesto con la historia que quería contar y conseguir que el espectador conecte con ella, aunque después cada uno pueda vivirla a su manera.
En el caso de El Culpable: Redención, estoy muy satisfecho con lo que estamos viendo en esta fase avanzada de postproducción. Siento que la película está transmitiendo aquello que imaginé cuando escribí el guion. Ahora llegará el momento más emocionante y también el más imprevisible: dejarla en manos del público y descubrir qué les hace sentir a ellos.
El cine independiente exige muchas veces trabajar con recursos limitados y sacar adelante las ideas a base de esfuerzo y de creer mucho en un proyecto. ¿Qué es lo que más te ha enseñado ese camino?
Sobre todo me ha enseñado que con constancia, esfuerzo y sacrificio se pueden conseguir cosas que en determinados momentos parecen imposibles. Me he demostrado a mí mismo que con recursos muy limitados soy capaz de sacar adelante una película y conseguir un resultado técnico y artístico del que sentirme orgulloso. Y eso también me hace pensar en todo lo que podría llegar a hacer si algún día dispusiera de mayores oportunidades y financiación.
Pero este proyecto me ha enseñado algo todavía más importante: a seguir adelante incluso en momentos en los que pensé que no iba a poder hacerlo. El Culpable: Redención está ligado a una etapa muy difícil de mi vida. Poco después de rodar aquel primer avance que presentamos en 5 Minutos de Cine, perdí a mi madre. Fue un golpe enorme y hubo momentos durante todo este proceso en los que sacar adelante una película era especialmente difícil.
Creo que, en parte, también sentía que tenía que terminarla por ella. Eso hizo que el proyecto adquiriera para mí un significado que va mucho más allá del cine. Ha habido momentos muy duros y he llegado a pensar que no conseguiría llevarlo hasta el final, pero lo he conseguido.
Por eso, si tuviera que resumir todo lo aprendido en una palabra, sería constancia. El cine independiente me ha enseñado a buscar soluciones, a aprovechar cada recurso, a valorar todavía más a las personas que te acompañan y, sobre todo, a no abandonar aquello en lo que realmente crees.
¿Crees que Málaga está viviendo un momento especialmente importante para el cine? Tenemos cada vez más rodajes, profesionales y proyectos nacidos aquí. ¿Qué nos falta todavía para que Málaga sea también una auténtica industria cinematográfica y no solo un lugar de rodaje?
Yo creo que Málaga hace tiempo que dejó de ser únicamente un lugar de rodaje. En los últimos años ha demostrado que aquí existe una verdadera industria audiovisual, con profesionales, productoras, actores, técnicos y proyectos de enorme nivel. Creo que debemos valorar mucho más lo que tenemos y entender que el cine en España no pasa exclusivamente por Madrid o Barcelona.
Tenemos además uno de los festivales cinematográficos más importantes del país, con una proyección cada vez más internacional y capaz de reunir cada año proyectos y profesionales de numerosos lugares del mundo. A eso hay que sumar todo el talento que existe en nuestra tierra y la cantidad de producciones nacionales e internacionales que eligen Málaga para trabajar.
¿Qué creo que todavía podemos mejorar? Sobre todo, generar más oportunidades para que los proyectos que nacen aquí también puedan crecer y financiarse desde aquí. Tenemos el talento, los profesionales, las localizaciones y una infraestructura audiovisual cada vez mayor; ahora hay que seguir fortaleciendo ese tejido para que nuestros creadores puedan desarrollar proyectos cada vez más ambiciosos sin sentir que necesariamente tienen que marcharse fuera para conseguirlo.
Por eso, más que decir que Málaga tiene que convertirse en una industria cinematográfica, diría que esa industria ya existe. Lo que tenemos que hacer ahora es creer todavía más en ella, apoyarla y conseguir que siga creciendo.
Después de todo lo que has vivido como actor, director y productor, ¿hay algún proyecto que todavía tengas guardado en un cajón y que te encantaría poder hacer realidad algún día?
Sí, siempre hay historias esperando su momento. A nivel cinematográfico tengo algunas ideas y material escrito para un proyecto de cine negro que me gustaría desarrollar a largo plazo. Todavía está en una fase muy inicial, así que prefiero dejar que vaya creciendo poco a poco hasta encontrar el momento adecuado.
También tengo algunas ideas para una posible tercera entrega de El Culpable. Aún no sé definitivamente hacia dónde llevaría la historia, pero sí puedo dejar una pequeña pista: me gustaría explorar más los orígenes de todo este universo. De momento, eso es todo lo que puedo contar.
Y luego está mi faceta literaria. La Profecía de Mikvar nació con la intención de convertirse en una trilogía y me encantaría poder escribir algún día los otros dos libros. El problema es encontrar tiempo para dividirme entre tantas inquietudes y responsabilidades.
Tengo muchos proyectos que me gustaría hacer realidad, pero también he aprendido que cada historia necesita su momento. No quiero hacer las cosas simplemente por hacerlas. Prefiero que vayan llegando cuando pueda dedicarles el tiempo y la energía que merecen. Espero tener muchos años por delante para ir cumpliendo todos esos objetivos.
Cuando imaginas tu futuro dentro del cine, ¿te ves más interpretando historias de otros, dirigiendo las tuyas propias o creando proyectos desde la producción para que otros puedan contar las suyas?
Me gustaría seguir combinando ambas cosas. Quiero continuar interpretando historias de otros directores porque cada proyecto y cada personaje te ofrecen la posibilidad de entrar en universos diferentes y seguir creciendo como actor. Pero, al mismo tiempo, no quiero renunciar a contar mis propias historias. Evidentemente, cuando interpretas un personaje que además ha nacido de una idea tuya, la satisfacción es diferente porque has vivido todo su recorrido desde el papel hasta la pantalla.
También me veo dirigiendo nuevos proyectos en el futuro. La producción quizá sea la faceta que menos claro tengo que quiera mantener siempre, porque implica unas responsabilidades enormes y depende también de los recursos y de las circunstancias de cada proyecto. Si en el futuro pudiera centrarme más en la parte creativa y contar con una estructura de producción que me permitiera hacerlo, sería fantástico.
En definitiva, me gustaría seguir en el camino en el que estoy, pero creciendo: encontrar personajes cada vez más interesantes, trabajar con nuevos directores y profesionales, seguir creando mis propias historias y conseguir que los proyectos tengan cada vez mayor recorrido y lleguen a más público. No tengo especial interés en ponerme una única etiqueta; mientras pueda seguir contando historias, delante o detrás de una cámara, sentiré que estoy donde quiero estar.
Y para terminar, volvemos al principio. Si aquel niño que soñaba con el cine pudiera verte hoy, sabiendo que has terminado convirtiéndote en actor, director y productor y que estás preparando una película con un equipo 100 % malagueño, ¿qué crees que te diría?
Sinceramente, creo que aquel niño no se lo podría imaginar. Y no solamente aquel niño; incluso durante mi adolescencia y buena parte de mi vida adulta llegué a pensar que todo aquello que imaginaba de pequeño se quedaría simplemente en un sueño. La vida me llevó por otros caminos, estudié informática, administración y finanzas y busqué esa estabilidad que muchas veces parece tan difícil de encontrar en el mundo del arte y la cultura.
Por eso, si aquel Jorge pudiera verme hoy, después de once años trabajando en cine, televisión y publicidad, interpretando personajes y llegando incluso a escribir y dirigir mis propias películas, creo que se sorprendería muchísimo. Probablemente no entendería cómo hemos llegado hasta aquí.
Y creo que estaría muy orgulloso. No porque haya sido un camino fácil, sino precisamente porque muchas cosas se han conseguido con recursos muy limitados y sin disponer de determinadas oportunidades que quizá otras personas sí han tenido. Ha habido mucho esfuerzo, sacrificio y constancia detrás de cada pequeño paso.
Aquel niño que jugaba inventando personajes, poniéndoles voces y creando sus propias historias seguramente nunca habría imaginado que algún día podría ver algunas de ellas convertidas en una película. Creo que me miraría y me diría algo muy sencillo: «Al final lo hiciste».
Desde MuchoMás.es nos quedamos con la historia de Jorge Porras, un profesional que ha sabido transformar su imaginación en proyectos reales y que continúa apostando por el cine desde Málaga, incluso cuando las dificultades ponen a prueba cada paso.
Le agradecemos que nos haya permitido conocer no solo su trayectoria, sino también las motivaciones, los aprendizajes y las experiencias personales que hay detrás de cada historia que lleva a la pantalla.
Gracias, Jorge, por compartir con nosotros tu mirada sobre el cine y por demostrar que, a veces, el mayor logro es no dejar de creer en aquello que un día soñamos.











