Hay artistas que encuentran en una disciplina su vocación y terminan descubriendo en ella un universo entero de posibilidades. Enrique Vicent es uno de ellos. Bailarín, coreógrafo y diseñador, ha construido una trayectoria en la que el movimiento, la música, la iluminación y el vestuario se unen para dar vida a historias y emociones.
En esta entrevista, Enrique nos habla de sus comienzos en la danza, su evolución hacia el diseño, la influencia del flamenco y de Málaga en su trabajo, y la importancia de crear con identidad propia sin perder de vista las raíces. También comparte su manera de entender el vestuario como una parte esencial de la interpretación y como una forma de hacer que cada artista brille sobre el escenario.
Una conversación cercana con un creador inquieto que sigue explorando nuevos caminos y que tiene claro que crear no consiste solo en dar forma a una idea, sino en conseguir que esa idea emocione a los demás.
¿Cómo era aquel niño que fuiste?
Era un niño muy observador, inquieto y soñador. Quizá no sabía todavía qué quería hacer con mi vida, pero sí sabía que necesitaba crear y expresarme.
Cuando miro atrás, reconozco en aquel niño muchas cosas del Enrique de hoy. La curiosidad, la sensibilidad y esa necesidad de no quedarme quieto.
Creo que, en el fondo, nunca dejamos de ser aquel niño que fuimos; simplemente aprendemos a darle forma a nuestros sueños.
¿Quién es Enrique, más allá del artista?
Enrique es una persona apasionada, sensible y tremendamente inquieta. Necesito sentir que estoy haciendo algo que me emociona.
Soy exigente, a veces incluso demasiado conmigo mismo, pero también soy alguien que disfruta enormemente cuando consigue convertir una idea que tenía en la cabeza en algo real.
Y si tuviera que definirme con una sola palabra, probablemente sería creador. Porque antes que bailarín, coreógrafo o diseñador, siempre he sentido la necesidad de crear.
¿Siempre has sido creativo?
Sí. La creatividad siempre ha estado conmigo, aunque durante muchos años no sabía que aquello tenía un nombre.
Primero encontré la danza. Después llegaron la coreografia, la escenografía, la iluminación y el vestuario. Y finalmente descubrí el diseño.
Hoy entiendo que nunca fueron caminos diferentes. Era el mismo camino contado con lenguajes distintos.
¿Qué encontraste en la danza?
Encontré libertad.
La posibilidad de decir cosas que quizá no sabía expresar con palabras. El cuerpo puede contar una historia, transmitir dolor, alegría, deseo, fuerza o vulnerabilidad.
Y el flamenco tiene algo que para mí es irrepetible: no se baila solamente con el cuerpo, se baila con lo que uno ha vivido.
La danza también me enseñó algo que después ha sido fundamental en mi carrera: la disciplina. El talento puede abrir una puerta, pero es el trabajo el que te permite permanecer dentro.
¿Cuándo descubriste al diseñador?
Creo que el diseñador estaba escondido dentro del bailarín.
Durante años observé cómo se comportaba un traje sobre un escenario, cómo reaccionaba un tejido al movimiento, cómo una manga podía cambiar un gesto o cómo una cola podía transformar completamente una corcografia.
Hasta que comprendí que el vestuario también podía ser una forma de bailar.
Cuando dejé de mirar el traje como una prenda y empecé a verlo como parte de la interpretación, apareció el diseñador.
¿Qué significa para ti unir música, movimiento, iluminación y vestuario?
Para mí eso es contar una historia.
No concibo un espectáculo como una suma de elementos independientes. Todo tiene que respirar en la misma dirección.
La música provoca una emoción; el bailarín la convierte en movimiento; la luz crea el espacio emocional y el vestuario termina de construir el personaje.
Cuando todo funciona, ocurre algo mágico: el público deja de ver los elementos y empieza a sentir la historia.
¿Qué aparece primero cuando diseñas?
Puede ser cualquier cosa.
Una persona, una música, una imagen, un color, un recuerdo, una textura…
Pero tarde o temprano siempre aparece la persona que va a llevar el traje. Y ahí empieza realmente el diseño.
No quiero vestir a alguien; quiero crear algo que pertenezca a esa persona y que le permita ser todavía más ella misma.
¿Qué buscas cuando creas un traje para un artista?
Busco que ocurra algo cuando se lo ponga.
Que cambie su manera de caminar, de mirarse, de entrar en escena. Que se sienta poderoso, elegante, diferente.
Y hay una cosa que para mí es fundamental: el traje tiene que estar al servicio del artista, nunca al revés.
Un buen vestuario no debería competir con el artista; debería conseguir que el artista brille todavía más.
¿Cómo innovar sin perder la esencia del flamenco?
Con respeto, pero sin miedo.
La tradición no debería ser una jaula. Debería ser una raíz.
Si conocemos de dónde venimos, podemos permitirnos mirar hacia delante.
El flamenco ha evolucionado siempre. Lo importante es que, aunque cambien las formas, no perdamos el alma.
Para mí innovar es coger aquello que hemos heredado y preguntarnos qué podemos hacer con ello hoy.
¿Qué supone trabajar en grandes producciones?
Una enorme responsabilidad.
Cuando trabajas para un espectáculo importante sabes que cada detalle cuenta. El vestuario tiene que funcionar desde todos los puntos de vista: estético, técnico, escénico y emocional.
Pero también es una oportunidad extraordinaria.
Cada producción me obliga a aprender, a escuchar y a buscar soluciones. Y eso es algo que me sigue apasionando después de tantos años.
¿Qué supone llevar tus diseños a una pasarela?
La pasarela es otro escenario.
En el espectáculo tienes la música, la iluminación, la coreografía y la historia. En una pasarela el diseño tiene que defenderse prácticamente solo.
Y eso me encanta.
Me permite mostrar al público mi universo sin necesidad de explicarlo.
Cuando una modelo sale a una pasarela con un traje mío, quiero que durante unos segundos el público entre en mi mundo.
¿Qué influencia tiene Málaga en tu trabajo?
Muchísima.
Málaga tiene una luz especial. Tiene mar, tiene montaña, tiene Andalucía, tiene tradición y al mismo tiempo tiene una energía muy contemporánea.
Todo eso termina entrando en mi manera de crear.
Quizá no siempre de forma consciente, pero está ahí: en los colores, en los contrastes, en la alegría y también en esa manera tan nuestra de vivir las emociones.
Málaga no es solamente el lugar desde el que creo; forma parte de lo que soy como creador.
¿Qué ha cambiado con los años: tu forma de crear o tu forma de mirar?
Mi forma de mirar.
Cuando eres joven quieres demostrar muchas cosas. Con los años empiezas a entender que no tienes que demostrar nada: tienes que contar algo.
Ahora soy más consciente de que un diseño necesita tener un porqué.
También he aprendido que la experiencia te enseña algo muy importante: a veces la verdadera elegancia está en saber cuándo no añadir nada más.
¿Qué importancia tiene tener una identidad propia?
Toda.
Las tendencias pasan. La identidad permanece.
Puedes mirar lo que hacen otros diseñadores, inspirarte y aprender, pero finalmente tienes que encontrar tu propia voz.
Yo quiero que un diseño mio pueda reconocerse sin necesidad de leer una etiqueta.
Mi objetivo no es que alguien diga «qué bonito»; mi objetivo es que diga «esto es muy Enrique».
¿Hay algún diseño que recuerdes especialmente?
Más que un traje concreto, recuerdo momentos.
La primera vez que un artista se pone un diseño y se mira al espejo. Ese instante es muy especial.
Porque ahí no estás viendo solamente una prenda. Estás viendo cómo cambia la persona.
Y cuando ves que alguien se emociona, que se siente guapo, fuerte o especial, entiendes que has conseguido algo que va mucho más allá de la moda.
Diseñar también es regalar emociones.
¿Qué te inspira actualmente?
La vida.
Una conversación, una canción, una persona, una fotografia, un viaje, una calle, una textura…
Estoy convencido de que la inspiración está en todas partes si sabes mirar.
Y sigo teniendo una relación muy fuerte con el movimiento. Cuando diseño, muchas veces imagino el traje ya sobre un escenario. Me pregunto cómo va a reaccionar con cada giro, con cada paso, con cada movimiento.
Para mí un traje no está terminado hasta que lo imagino vivo.
¿Con qué artista te gustaría trabajar?
Hay muchos artistas con los que sería un privilegio trabajar.
Pero más que poner un nombre, me gustaría encontrar un proyecto que me permita ir más allá del vestuario.
Sueño con un espectáculo en el que pueda participar desde el principio: crear el concepto, diseñar el vestuario, trabajar la coreografia, la escenografia y la iluminación.
Me gustaría crear un universo completo, no solamente vestir una historia.
¿Cómo es Enrique cuando se apagan las luces?
Mucho más sencillo.
Cuando termina el trabajo necesito volver a las cosas que realmente importan: las personas que quiero, una buena conversación, escuchar música, pasear, disfrutar de una comida, viajar…
El escenario tiene mucha intensidad y mucha energía. Por eso también valoro muchísimo la tranquilidad.
Creo que el equilibrio está precisamente ahí: vivir intensamente cuando toca y saber parar cuando llega el momento.
¿Te queda algo por descubrir?
Muchísimo.
Creo que el día que uno piense que ya lo ha descubierto todo empieza a dejar de crecer.
Tengo proyectos en la cabeza que todavía no han visto la luz, ideas que quiero desarrollar y sueños que siguen pendientes.
Y quizá ese sea uno de los motores más importantes de mi vida: seguir teniendo ilusión por lo que todavía no existe.
Si pudieras encontrarte con aquel niño, ¿Qué le dirías?
Le diría: no tengas miedo.
No tengas miedo de ser diferente, de equivocarte, de empezar de nuevo ni de seguir un camino que otros quizá no entiendan.
Le diría que trabaje, que sea constante y que no pierda nunca la curiosidad.
Pero sobre todo le diría que disfrute mucho más del camino.
Porque ahora sé algo que entonces no podía saber: los sueños no siempre llegan exactamente como los imaginamos. A veces llegan convertidos en algo mucho más bonito.
Desde MuchoMás.es queremos agradecer a Enrique Vicent su cercanía y la generosidad con la que nos ha permitido conocer mejor su universo creativo, su trayectoria y su particular manera de entender el arte.
A través de sus palabras hemos descubierto a un creador que va más allá de la danza y el diseño, que encuentra inspiración en la vida y que convierte cada proyecto en una oportunidad para transmitir emociones. Una trayectoria que demuestra que la creatividad no tiene límites cuando se trabaja con pasión, sensibilidad y una identidad propia.
Gracias, Enrique, por compartir con nosotros tu historia y recordarnos que los sueños pueden transformarse en algo todavía más bonito de lo que imaginábamos.














Algunas fotografías gentileza de The Faculty Productions.

